Desgaste

21 12 2009

Se me ocurrió ir al campo una fría noche de diciembre y el RCD Espanyol me lo agradeció deparándome el partido más soporífero de la temporada. Y el más desagradable.

Con la excusa de que si le juegas a fútbol al Barça te mete cuatro, se dedicaron a no jugar, a empujar, atropellar, patear e insultar. Si los demás equipos optan por la misma opción, el Barça durará tres domingos antes de caer asesinado.

No es eso. Se juega y se gana o pierde, pero no se sale, deliberadamente, a impedir el juego. Y no se hace porque los que pagamos no vamos a ver cómo un energúmeno le pone la plancha a Piqué en el medio del campo. Vamos a ver fútbol, jugadas trenzadas de ambos equipos y goles, a ser posible.

Me alegró ver a Iniesta llevarse la pelota al córner, como hacía Kubala, cuando faltaban tres minutos. Sólo los superclase se atreven con eso. Fue un recuerdo muy bonito.

Por cierto, a ver si este año el RCD Espanyol juega con esa agresividad contra el Real Madrid. Normalmente le suele jugar como un filial.


Podría decirle a este hombre que un equipo que tiene alrededor de 10 ocasiones de gol en una segunda parte no es un equipo que sale a destruir fútbol. Podría decirle que un equipo de fútbol que tiene cerca de un 50% de posesión de balón durante gran parte de la segunda parte no es un equipo que sale a destruir fútbol. Podría decirle que si no le gusta ver cómo un jugador le hace la plancha a Piqué en el centro del campo, tampoco creo que le guste ver cómo Ibrahimovic se merece la expulsión pegándole un codazo a Chica (o cómo, en el derby del año pasado, otro energúmeno – como él dice – , lesionó a Ángel para el resto de la temporada). Pero no se lo diré porque como no vi el partido, mi opinión sobre el derby está basada en lo que escuché por COM Ràdio y no me gusta opinar sobre lo que no he podido ver, porque probablemente mentiría.

También podría decirle que si no ve a un jugador perder el tiempo en el banderín de corner desde la época de Kubala, es que poco fútbol ha visto desde entonces. También se le podría decir que si para él jugar al fútbol es dejarles todos los espacios posibles al Barcelona (o cualquier otro gran equipo) para que te meta, al menos, 4 ó 5 goles, es que no entiende de fútbol. O que si no entiende que las necesidades (deportivas y anímicas) de un equipo que lleva 5 partidos perdiendo y con un coladero por defensa son diferentes a las de un equipo en racha, es que poco sabe de fútbol. Pero tampoco se lo diré, porque suficiente tiene con no saber de fútbol.

Por último, se le podría explicar que el Espanyol, históricamente, siempre ha plantado cara y ganado más partidos al Madrid que al Barcelona (algo que ya se publicó en el diario donde él escribe). También que, el Espanyol, sólo lleva 4 – 5 años plantándole cara al Barcelona porque, hasta entonces, le tenía miedo escénico. O que, posiblemente, si el Espanyol no emplea esa misma agresividad contra el Madrid que contra el Barcelona es porque no la necesita, porque siempre le ha sido más fácil ganarle o, como mínimo, plantarle cara. O, incluso, que durante muchos años gran parte de la afición nos quejábamos que al Madrid (u otros grandes) se le plantaba cara, pero cuando tenían al Barcelona delante les entraba el miedo en el cuerpo. Pero qué se le puede decir a una persona que opina de un equipo sin ver sus partidos y sin saber cómo juega.

Así que, sólo le diré que la próxima vez que quiera mentir sobre un equipo que, al menos, se digne a ver sus partidos, a saber cómo llega a un partido y saber qué necesidades tiene. Que después, las tonterías que escribe, hay gente que se las cree y tenemos que escuchar lo que tenemos que escuchar.

Fuente | Desgaste – Mundo Deportivo

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Cuanto más conozco el fútbol, más me gusta el Espanyol

16 12 2009

Alguien dijo una vez: Cuanto más conozco a los hombres, más me gusta mi perro. Con su permiso, me voy a permitir la libertad de modificar su frase y decir que: Cuanto más conozco el fútbol, más me gusta el Espanyol.

Siempre me consideré, no sólo un forofo del Espanyol, sino también del fútbol. Hace unos años me leía todos los diarios deportivos, escuchaba todos los partidos por la radio, veía todas las noticias por la TV y consultaba todas las noticias por Internet. Daba igual el equipo que fuese, me empapaba de toda la información futbolística que va de la Primera División a la Tercera (sólo los grupos catalanes). Era un enfermo del fútbol. Me apasionaba (y, de hecho, me sigue apasionando) este deporte y me gustaba saber lo que se movía en todos los equipos y aprender cada vez más de él. Siempre tuve la idea radical (lo reconozco) e irracional (también lo reconozco) que todo aquel aficionado a un equipo al que no le gustaba el fútbol, era un fanático que hacía más daño al fútbol que beneficio, porque no le permitía pensar desde la objetividad del deporte, si no que lo hacía desde la subjetividad de unos colores. De hecho lo sigo pensando, aunque cada vez veo que me estoy convirtiendo en uno de ellos.

Cada vez me repugna más en lo que se está convirtiendo el fútbol bicéfalo español. Cuatro diarios deportivos, dos de cada bando, cada vez menos objetivos e informativos y cada vez más vomitadores de bilis, mentirosos y manipuladores de la información. Las secciones deportivas de las TVs cada vez se parecen más a la prensa rosa y cada vez menos a una sección deportiva. Y los programas de radio no se quedan atrás. La información deportiva en España cada vez se olvida más de que esto es un deporte donde participan muchos equipos y cada vez más se parece a una guerra encarnizada de intereses de colores donde interesa más enviar mensajes de: “yo soy más guapo que tú y tú más feo y tonto que yo“. Una pelea de niños de a ver quién la dice más gorda y se queda más retratado con sus mentiras y su subjetividad. Y donde lo que menos interesa es la información. Todo esto, provocando el odio, la rabia y la falta de objetividad por parte de la gran mayoría de los seguidores al fútbol.

Un día decidí que, por mi salud mental y mantener mi criterio y opinión propia e independiente, dejaría de ver la prensa deportiva, ni siquiera las portadas, ya que ya me había cansado de tanta mentira. Pero me he dado cuenta que, inconscientemente, me está pasando lo mismo con la TV y la radio. Me he cansado del partidismo de unos, de la rabia de otros o del sensacionalismo de los de más allá. No leo prensa deportiva, no me gusta ver las secciones deportivas de la TV y sólo escucho un programa de radio de fútbol genérico (y más porque me gusta su formato que por su contenido)

Estoy dejando de ser un aficionado al fútbol que sigue con pasión unos colores, a ser un aficionado al Espanyol, a secas. Cada vez tiendo más a consumir sólo información del Espanyol y no toda, porque también me dedico a seleccionar lo que consumo. Me da pena, porque me gustaba la pasión con la que seguía este deporte, pero no me ha quedado otro remedio. Es lo que me han obligado a hacer, gracias a lo que se está convirtiendo nuestro fútbol: un generador de odio y de enemigos. Y todo por una guerra absurda, basada en unos simples colores, donde lo que menos importa es el daño que se nos hace a nosotros, los consumidores de la información basura.

Por eso, mientras más veo en lo que se está convirtiendo nuestro mediatizado fútbol más me gusta y me centro en el Espanyol. Por eso, mientras más veo en lo que se está convirtiendo nuestro mediatizado fútbol más me gusta el Espanyol y más orgulloso de estar alejado de este circo.





El poder del vestuario

10 12 2009

Que si se hace la cama al entrenador, que si los clanes del vestuario, que si es el cáncer del equipo… Son muchas las frases, rumores y leyendas urbanas que giran en torno a los vestuarios de los clubs de fútbol. Y el vestuario del Espanyol no sólo no es una excepción, sino que, posiblemente, es uno de los vestuarios que más fuertes y conocidos son estos rumores. Pocos equipos (o ninguno) hay en los que más se hable de su vestuario y más importancia tenga.

La verdad es que, en los últimos años, muchas cosas raras han estado pasando. Jugadores que se marchan sin explicación. Entrenadores que pasan de ser buenos y conseguirnos grandes éxitos a ser malos a no querer renovar (Lotina o Valverde). Pero no se puede afirmar nada o yo, al menos, no me atrevo a afirmar. No me atrevo afirmarlo porque también es cierto que tenemos una de las peores directivas, en el aspecto deportivo. Y no me atrevo a afirmar nada porque no estoy dentro del vestuario para saber qué se hace o se deja de hacer o qué se dice o se deja de decir.

Pero es que tampoco lo ponen nada fácil para que los rumores se acaben. Comenzamos la temporada con dos derrotas en la que, a pesar de perder, no se jugó mal y se apuntaban maneras, sobre todo en el partido del Madrid. Después se encadenaron una serie de partidos sin perder y donde se hacía un buen juego, sólo faltaba el punch final: Deportivo, Málaga, Xerez, Villareal, Tenerife, Sevilla, Valladolid y Sporting. Jornadas de las cuales 7 ellas se estuvo sin perder, en las que se consiguieron 13 puntos y en las que en casi todas se hizo un buen juego. Incluso perdiendo con el Sporting se jugó bien y se veía que el equipo podía mejorar a medida que pasase la temporada.

Pero entonces pasó lo que pasó: el affair Tamudo. Se lió un pitote que el club no supo controlar y que se le fue a todos de las manos. Entonces fue cuando Pochettino hizo una reunión de vestuario de dos horas en la que, no se sabe lo que se habló pero, el resultado fue un Tamudo titular. Desde entonces, casualidad o no, sólo se conoce la derrota, ni siquiera el empate, ya no sólo no se marcan goles sino que se juega fatal, el medio de campo no existe y la defensa sólo encadena un fallo detrás de otro, cuando era una de las más sólidas y menos goleadas. Y todo esto, acabando con dos humillantes 4-0 con, posiblemente, dos de los peores equipos de Primera División.

¿Qué pasó en aquella reunión? ¿Qué se habló o qué se decidió? ¿Alguien se ha puesto nervioso desde entonces? No sé, pero lo que está claro, que no ayudará a acallar los rumores existentes sobre el vestuario del Espanyol. Una reunión, un Tamudo titular y comienzan los problemas.





Qué cómodo es jugar en el Espanyol !

2 12 2009

Somos un equipo especial, con una afición especial y en un entorno especial. Sólo hay un equipo en España que se puede equiparar a nosotros en una situación similar, el At. Madrid. Equipo sufridor que tiene que convivir cada día con un monstruo mediático del fútbol mundial. Posiblemente, una de las mayores diferencias es que nosotros somos más sufridores que ellos y, para tener más historia, tenemos menos palmarés. Y todo este entorno especial en el que nos hemos metido y nos ha tocado vivir hace que, a veces, nuestros futbolistas parezcan funcionarios del fútbol (con todo mis respeto a los funcionarios)

Tenemos una directiva, lamentablemente, conformista como pocas. A pesar de la historia que tenemos, la ciudad en la que estamos y el potencial social que tenemos, el único objetivo deportivo que marca nuestra directiva es el de no sufrir. Es su política de empresa, sus objetivos, su visión. Una cosa es ser realistas y otra cosa es ser conformitas. Y nuestra directiva tiene la triste virtud de ser de las más conformistas. Cada año la misma cantinela: estamos en una temporada de transición y nuestro objetivo es no sufrir. ¿Pero cuántas temporadas de transición llevamos? Esto, inconscientemente, se transmite hasta los profesionales del club, que trabajan sin la presión de unos objetivos ambiciosos. Saben que sus jefes, si salvan la categoría al final de año, ya estarán contentos. Ningún directivo les exige títulos o luchar por competiciones europeas. Ninguno se rasgará las vestiduras si, a final de temporada, sólo hemos conseguido quedar en mitad de la tabla. A eso yo le llamo trabajar sin objetivos y sin presión. Y ya sabemos cómo somos las personas, por naturaleza, cuando actuamos en este ambiente.

A esto le sumamos que el entorno mediático en el que estamos nos hace el caso justo. No sólo no somos el primer equipo de la provincia o comunidad, si no que la diferencia entre nosotros y nuestro vecino es abismal. En Zaragoza sólo hay un equipo y todas las miradas van hacia él. En Galicia sólo hay un equipo. Y en las comunidades donde hay más de un equipo las diferencias no son tan grandes. ¿En qué se traduce esto? Pues que a nivel mediático, nuestros jugadores tampoco sienten la presión de los medios. Si ganamos, ganamos y si perdemos, perdemos. Da igual. La atención y presión mediática está enfocada hacia otro sitio.

Por último, estamos nosotros, los aficionados. No sé si por nuestra historia deportiva más reciente, por la directiva tan conformista y poco ambiciosa o por todo un poco, pero tampoco presionamos lo que deberíamos. Si las cosas van mal, pues no es momento de presionar, para no poner nerviosos a los jugadores. Si las cosas van bien, pues no es momento o ya nos hemos olvidado. Al finalizar la temporada pasada, era el momento idóneo para expresar el cabreo generalizado y lo mal que lo habíamos pasado, pero “gracias” a los últimos 10 partidos tan tremendos y la remontada espectacular ya nadie se acordó. ¿Resultado? Pues que esta temporada, como si no hubiese padaso nada, volvemos a las andadas. Pasamos de ganar y jugar bien a no jugar nada, ¿y qué pasa? nada porque, tristeneme, nuestro objetivo es solamente no sufrir, porque esta es una temporada de transición. Siempre estará el directivo de turno que saldrá a recordárnoslo.